no son más que palabras que quieren salir de este viajero, horriblemente mareado.

domingo, 25 de octubre de 2009

Para que entiendas.

Otro suicidio más, otra alma que se va sin rumbo definible de este mundo por razones que nadie sabe ni entiende, aunque crean entender después de leer lo que se trató de decir cuando se quiso decir algo porque nada podía decir, la comunicación no se encontraba ni cerca. Puede ser un efecto del clima, de la lluvia que cae como barrotes aislándonos del mundo. Se siente la desesperación, sobre todo después de cuarenta tazas de café descafeinado que tomo para dejar la adicción. El remedio puede ser peor que la enfermedad. Han llamado a la puerta, pero no quiero abrir y debo y otro sorbo de café. Por ahí leí que el café es el ingrediente principal de los manifiestos, de las independencias y de los gritos alzados hacia el mundo, pero, ¿qué puedo gritar con esta aberración a la infusión que estoy bebiendo? Otra vez tocan a la puerta y han dicho que no querrán esperar más, que no hay vuelta que darle y más negociaciones a las que no se les ha dado respuesta alguna. Busco algunos de mis papeles. ¿Cuándo dejé la poesía? ¿Cuándo dejé de lado manuscrito y voz? Lo han notado mis amigos cuando vienen, lo he notado yo últimamente, lo que digo, lo que pienso. ¿Dónde quedó el amor? ¿Dónde quedó, incluso, el odio? Y todos los demás actores secundarios que disfrutan algo de la fiesta. Como quisiera beber café de verdad justo ahora y entender que nada más queda por entender, que todo se fue, como el alma y la felicidad y tristeza de aquella niña de arriba, la pobre, si la vi caer de acá mismo, y dale que tocan a la puerta y gritan y gritan. Golpean a ella como animales. Me tapo los oídos tras el pelo para no oír lo de afuera, oír lo de adentro, lo que necesito para poder ser yo misma otra vez y correr y gritar fuerte, escribirles un manifiesto a todos quienes odio para mandarlos a la mierda. Escribir a quienes amo para enviarlos con ellos también. No oigo nada, sólo voces obscurecidas por la lluvia, oigo mantos de sal en una selva del sur, pequeños animales correteando, pero nada que me sirva, nada que de verdad desee como el origen de cada vida. Oigo ahora llaves que pasan por los barrotes, pequeñas y abridoras de todo pasando por la lluvia y dale que dale que gritan que abra o si no derriban la puerta. Trato más fuerte, así sangren mis oídos o mis manos o mis negras uñas sin forma, mordidas hasta el cansancio cada noche, cada hora. Me lastimo un poco la sien y veo que sí hay una luz, que puedo oír lo que necesito, que busco. Estiro mis manos tratando de asirlo, de no perderlo. Miles de palabras y de nuevos sentimientos, de nuevas acciones y descripciones, de sentencias anti-artísticas y progresivas me invaden. Demasiadas sentencias poco convencionales, nuevas formas jamás vistas, eso que nihil novum sub sole, pero ahí están, ¿cómo ignorarlas? Son exageradamente una gran cantidad, todo un público en un coliseo romano expectantes a mi destino, a que la mayor y más importante de ellas baje su dedo y sentencie a este cuerpo a vivir bajo tierra. Pero mi espíritu seguiría por ahí, dándoles la vuelta y haciéndoles la vida imposible. Una femme fatale dispuesta a atormentarles eternamente. Ahí es cuando la puerta cae y una docena de hombres y mujeres uniformados invaden mi sala, rompen uno de mis preciados arreglos florales (ese que hice cuando viniste, Juan, y te quedaste por más de una semana. Esa semana en que olvidabas lavar los platos y los cubiertos y de verdad no importaba. Esa semana, la peor de tu vida. Esa semana que para mí no fue nada) y una pintura que aborrezco, eso agradezco. Creo que la mantenía como favor a la artista, jamás entendí eso. Describía una flor en un campo amarillo, con un campesino tratando de cortarla, pero la flor se hacía cada vez más grande, llegando a amenazar al campesino. Con sólo verla una vez uno entendía tal interpretación, sin embargo nunca llegó a gustarme demasiado, aunque en estas circunstancias poco usuales me parece un poco más agradable, incluso llegando a verme como tal, cortando flores por doquier sin entender las consecuencias de las acciones, que las palabras pueden tardar poco en devorarme y yo ser su poesía. Su mala poesía.

-Alto ahí, Camila. ¡Manos arriba!

-¿Camila? –digo sin pensarlo dos veces- Yo soy Sofía. Ella vive al lado.

...de lo que se viene

  • días del calendario fungi.
  • el efecto de la televisión sobre la sociedad crustácea.
  • discusiones apolíticas (que bella palabra) y la imposibilidad de ser apolítico.
  • deshoras de don juan.
  • socialitè en el tráfico de las cuatro de la tarde.
  • randomness of words in the morning at crab's photographic camera under the light de la antaña romana con té.
  • árboles que cortan vientos del sur, incapacitados de hacerlo más.
  • discusiones acerca del significado y origen inglés de la palabra socialitè.
  • amoríos de señoras embarazadas.
  • hermanas tras los pedales.
  • gatos sobre el tejado (no de zinc ni caliente).